¿SOMOS RESISTENTES AL CAMBIO?

 

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Escrito por:

 

 

 

Luana Betsy Polo Cortes
Picpologa Esp SST
Ms. Prevención de Riesgos Laborales, SIG y RSE

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GESTIÓN DEL CAMBIO UNA CONSTANTE OPORTUNDAD Y UN RETO PARA ALCANZAR

Las empresas de hoy participan activamente en procesos de renovación, innovación y desarrollo de nuevos productos y formas de trabajo para ser más competitivos en el mercado y ser sostenibles en el tiempo; sin embargo, en muchas ocasiones, éstas iniciativas solo representan situaciones que movilizan sentimientos de motivación a corto plazo en los trabajadores y la exigencia de un retorno medible tanto en productividad como en economía en la alta dirección.

Sin duda, algo que implique un cambio organizacional, solo puede ser efectivo cuando el cambio se refleja también en su capital humano. ¿Entonces de qué estamos hablando?

El cambio como constante perdurable en las organizaciones, se logra con una transformación desde el interior hacia el exterior, es decir, desde las personas hacia las organizaciones. Este planteamiento implica generar escenarios de legítima participación en los procesos de cambio de todos y cada uno de los trabajadores; involucrarlos desde el principio moviliza el aspecto sensible de la organización. Los cambios generan una naturaleza de temor, de incertidumbre y desconfianza que provoca un clima negativo y sobre todo reactivo en los trabajadores; tal impacto es común y razonable, puesto que se haya a la forma de luchar inútilmente por mantener situaciones de hábito o costumbre que nos brindan una relativa seguridad y permanencia en el tiempo y que no nos permite avanzar y caminar hacia la transformación que queremos.

 

Las brechas organizacionales en torno a la poca eficacia del cambio organizacional, son innumerables; daré alcance a tres que considero representan un gran avance si se logran superar: La primera hace referencia a la FALTA DE COMUNICACIÓN: Empresarios y líderes empresariales, aducen que cualquier cambio generado con un objetivo de mejoramiento organizacional, asegura su funcionalidad y aplicabilidad, solo por el objetivo mismo que se pretende alcanzar y no ven necesario desplegar una buena comunicación de lo que está pasando en la empresa; este es el primer error en el que se incurre;  si los trabajadores no saben, no conocen, o peor aún, no entienden los cambios que sufrirá la organización,  entrarán en una de las primeras fases del fracaso, RESISTENCIA, reaccionan con oposición a cualquier iniciativa planteada. La segunda gran brecha es la FALTA DE PARTICIPACIÓN de los trabajadores en los procesos de cambio, entrando en otra fase crítica negativa; RECHAZO!, si a los trabajadores no se les involucra activamente en la construcción de iniciativas de cambio, para lograr los objetivos deseados, se produce desmotivación y se promueve una baja oportunidad de aplicación de los cambios organizacionales establecidos; y finalmente FALTA DE ENTRENAMIENTO Y ACOMPAÑAMIENTO, es el componente final que cierra el camino hacia el fracaso de una buena gestión del cambio, los trabajadores requieren de un proceso sistemático de formación y entrenamiento hacia las nuevas formas implementadas por la organización, cualquiera que sea el alcance esperado por la empresa.

 

Un componente transversal de cara al aumento de las brechas que impiden una buena gestión del cambio, sin duda es la INTERGENERACIONALIDAD que hoy es una realidad en el mundo del trabajo. Pretender que todos los trabajadores independientes de su edad, experiencia u oficio, deben adaptarse rápidamente a los cambios organizacionales de forma estandarizada.  Las brechas generacionales advierten que el impacto es diferente en cada uno y dependerá de los recursos internos y capacidad de adaptación para que los procesos de cambio se den de la mejor forma.

Con lo anterior podemos resumir que, para asegurar una adecuada gestión del cambio, este debe involucrar una participación efectiva de los trabajadores, generando incluso nuevas ideas y potencializando mejores oportunidades de desarrollo que motiven el sentido de pertenencia y que logren co-crear escenarios con sentido y propósito colectivo.

Movilizar y desplegar a todo nivel una comunicación clara, genuina y directa; sin duda disminuye temores e incertidumbres que normalmente se asocian a los procesos de cambio.

Tener en cuenta las brechas generacionales, promueve procesos de acompañamiento más efectivos, menos agresivos y propicia ambientes de trabajo colaborativo, muy importantes para disminuir elementos culturales y de clima que contaminen el buen desarrollo organizacional.

Finalmente, el entrenamiento y acompañamiento en los cambios implementados en la organización, aseguran el compromiso y la disposición no solo para adaptarse rápidamente, sino para aprender sobre los nuevos retos que toda organización realiza  en pro del mejoramiento organizacional.

El cambio es una realidad, es un continuo de la vida, nuestro reto es enfrentarlo con sabiduría, valentía y coraje pero lo más importante, es ¡enfrentarlo juntos!

 

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