RESPETO POR LO PÚBLICO, DE NADIE Y DE TODOS

 

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Escrito por:

 

Martha Cecilia Moreno Mesa
Comité Intergremial y Gerente Regional Camacol B&C

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Ordenamiento territorial como herramienta de seguridad  pública

En este sentido, no solo se requieren medidas tradicionales para garantizar la protección de los ciudadanos como son el incremento de la fuerza policial y otros cuerpos de socorro; desde la planeación del desarrollo urbano es posible propiciar alternativas que no solo mitigan estos riesgos, sino que además contribuyen al notable incremento de la calidad de vida, la funcionalidad de las ciudades y la mejoría en su competitividad.

No puede pensarse en ciudades más seguras si se trata de forma aislada el diseño de su espacio público; las plazas, parques y plazoletas son lugares de encuentro social sin distinción de condiciones, lo que permite la construcción del tejido comunitario, mejores formas de invertir el tiempo libre y la posibilidad de realizar actividades que reducen el estrés y hasta condiciones de agresividad de las personas.  Son conocidos los casos en los cuáles, grupos de jóvenes antes integrantes de pandillas u otros grupos delictivos, han transformado los parques de su barrio en sitios de ensayos y presentaciones musicales y deportivas.

Asegurar la calidad de estos espacios en términos de iluminación, funcionalidad y representación de los valores locales, no solo les permite ser apropiados y defendidos por la comunidad, sino, por el contrario, terminarán convirtiéndose en zonas de peligro para los habitantes del lugar y cayendo en poder de actores ilegales que reforzarán este círculo de miedo y rechazo hacia lo público.

La misma situación se presenta con las vías y las estructuras complementarias a los sistemas masivos de transporte.  Es necesario el acompañamiento ciudadano para que no haya un deterioro tal de la infraestructura que se convierta en un riesgo y no una ventaja para la ciudad. Por ejemplo, es una práctica tradicional en ciertas zonas urbanas el evitar el uso de los puentes peatonales por la sensación de inseguridad que generan, lo que lleva a las personas a aventurarse al paso por la vía, lo que resulta fatal para el peatón.  La denuncia ciudadana frente a condiciones de poca iluminación o presencia de personas con conductas sospechosas podría sumada a un buen diseño, ser una herramienta potente para combatir los riesgos para la vida en este ámbito.

Otro de los factores que cobraría especial relevancia en la mejora de la calidad de los territorios y en los que por abandono o insuficiente planeación se presentan hoy en día múltiples condiciones de riesgo para las personas, es la estructura ecológica principal.  Muchos evitamos hoy los lugares de mayor riqueza natural por el peligro que representa su poca concurrencia y distancia de las multitudes, lo que curiosamente, en muchos sitios del mundo es valorado y perseguido por los ciudadanos para su disfrute.  En la construcción de ciudades de calidad, se debe contemplar un desarrollo que integre los ambientes naturales y los apropie para la interacción con sus habitantes mediante el desarrollo de esquemas de bajo impacto que alejarán la sombra de la inseguridad extrema que pesa sobre ellos hoy en día.

Hay que recordar que las ciudades son para la gente, que la escala humana es una necesaria condición para el desarrollo y que las vulnerabilidades y las fortalezas de las personas deben ser consideradas siempre en el diseño de las urbes.  Sin estas características básicas los territorios se vuelven indeseables y van siendo abandonados poco a poco por sus habitantes y por supuesto por las actividades productivas que los soportan.  En este último aspecto, debe prestarse especial atención frente a las consecuencias que tiene el riesgo público sobre la competitividad y productividad de los territorios, ya que las ciudades con altos índices de muertes violentas, inseguridad o problemas de orden público, suelen repeler el interés de los inversionistas y trabajadores y ven considerablemente afectadas actividades económicas como el turismo y otras relacionadas con la exposición de los visitantes, además de sufrir por la estigmatización que conlleva su mala reputación.

En conclusión, se hace necesario retomar esquemas de ordenamiento que hagan de los territorios sitios seguros, en los que puedan prosperar las personas, las empresas e incluso los sistemas naturales, esquemas en los cuales los ciudadanos se sientan seguros, tranquilos, disfruten su ciudad y que además fomenten la buena reputación de los lugares en los que viven, generando redes de solidaridad, respeto y cuidado por lo público, como bases de la construcción de lo colectivo, de eso que no es de nadie, pero es de todos.

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