Aislamiento social: ¡Vamos a cocinar!

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Con la declaración de la pandemia por Coronavirus el miércoles 11 de marzo por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las medidas tomadas en Colombia, desde el pasado 25 de marzo de 2020, se generaron en los hogares diversas circunstancias que no estaban programadas. A continuación, veremos esas situaciones relacionadas con el arte de la preparación de alimentos. Te presentaremos un relato sobre la cocina a través de la historia y lo relacionaremos con lo que viven las personas durante el aislamiento preventivo obligatorio.

La preparación de alimentos existe hace siglos, casi desde el mismo momento en que el ser humano descubre el fuego, el cual, más adelante, junto con la aparición de la agricultura, le ha permitido ampliar el número de alimentos para cocinar y mejorar el sabor. Myrhvold, Young y Bilet, afirman que “con la llegada de la agricultura, cocinar dejó de ser una necesidad para convertirse en un arte” p.20.

El fuego entonces sería y es la herramienta más importante en la tarea o arte de cocinar. Así mismo, la agricultura coadyuvó al sedentarismo pues los agricultores no podían trasladarse de un lugar a otro con sus plantíos, lo que generó la aparición de pueblos y ciudades (Myrhvold, Young y Bilet, 2011). Sin embargo, la preparación de alimentos como tarea en las viviendas, se ha limitado a repetir, traducir o interpretar recetas inventadas por las bisabuelas, abuelas o mamás y que responden a las características culturales de los lugares donde se originan.

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Con la aparición de las sociedades organizadas, la cultura recibe un gran impulso y con ella lo que hoy denominamos gastronomía con determinados hábitos culinarios, y con ellos, la cocina tradicional, (Myrhvold, Young y Bilet, 2011) que no es otra cosa sino aquella que por generaciones se ha mantenido vigente en las familias y permite que un mismo alimento se prepare de diversas formas. En Colombia, por ejemplo, el plátano se puede convertir en un delicioso patacón, una torta o un aborrajado; así mismo, el arroz en una exquisita paella, un arroz con coco o un delicioso arroz atollado. Esto solo por nombrar dos alimentos indispensables en los sabores colombianos, porque también se encuentran productos como el pan, el cual, que según la cultura, puede ser elaborado de una forma u otra, incluso dentro del mismo país.

El arte de cocinar, ocupa un lugar privilegiado en todo el mundo, de forma sencilla y cotidiana se dice que un hogar es aquel en el que personas habitan un mismo techo y comparten la “olla”. Es decir, la comida es un aspecto indispensable en la concepción de un hogar a nivel mundial.

La llamada cuarentena, aislamiento social, confinamiento, o el quédate en casa, hizo que tuviéramos que repensar la actividad de la preparación de alimentos, pues aparecieron actores que antes no se encontraban involucrados en esta labor culinaria, no solo para preparar comidas tradicionales, sino para innovar en recetas, aprendiendo este “arte” a través de redes, o simplemente por medio de llamadas a alguien para pedir consejos acerca del proceso de preparación de algún plato especial.

Ante la imposibilidad de salir de las viviendas se hizo necesario “hacer mercado” con más regularidad y en mayor cantidad, aprender a integrar las actividades hogareñas, laborales, escolares en el mismo lugar y conocer, que la casa o el apartamento ya no se encuentra dividido, en muchos casos, en sala, habitaciones y comedor, sino que ahora puede ser el salón de clases, la oficina de mamá y la oficina de papá. Por ende, al interactuar rutinariamente y tener, cada miembro de la familia, horarios tan agitados, la cocina se convierte en un lugar obligado para todos. Mujeres, hombres y niños se han visto “invitados a la fuerza” a dedicarle más tiempo del que deseaban y así lo han manifestado: “…ya estando en la casa pues toca mercar y preparar…” otros acotaron, “…pues si ya se hizo mercado hay que gastarlo…” y hubo algunos que “…ante la imposibilidad de pedir comida a domicilio, nos ha tocado cocinar…”.

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En nuestra sociedad se ha pensado y se piensa que la cocina “…es un lugar al cual las mujeres (jóvenes especialmente) le huyen…”, según algunas opiniones escuchadas “…es ese lugar donde se pueden hacer cosas deliciosas al sentido del gusto y bonitas a la vista, pero a costa de mucho trabajo y demasiada suciedad…”. Otra opinión afirma: “…es un lugar donde se pasa mucho tiempo unas dos, tres y más horas para preparar una buena cena la cual se consume en treinta minutos dejando una cantidad de elementos para lavar…”. Se hace referencia a las mujeres, pues en la mayoría de los hogares, por lo menos en los de Colombia, cocinar fue una actividad concebida al rol femenino, como al inicio de la organización de las sociedades antiguas donde en la mayoría de ellas la preparación de la comida recaía en las mujeres (Salas, García, Sánchez, 2005); aunque hoy en día, curiosamente en muchos de los restaurantes reconocidos, los que cocinan son hombres. De la misma forma, se sabe a través de la historia universal, de acuerdo con los restos arqueológicos encontrados en la cultura egipcia hace unos 5.000 años atrás, que existieron los cocineros, panaderos etc., quienes eran contratados por las altas clases sociales o aristócratas. Situación similar sucedió en otras culturas orientales (chinos, mongoles) quienes mantenían cocineros para que prepararan platos variados y muy elaborados, de los cuales infortunadamente no hay evidencia escrita ni forma de recuperarlos. Los jefes de los cocineros eran reyes, aristócratas o sacerdotes, pues eran ellos quienes podían pagarlos; los cocineros profesionales cocinaban para los ricos, mientras que dentro del sector de agricultores o en las clases económicamente bajas, eran las madres y las abuelas las encargadas de la cocina. Los primeros insistían en crear platos diferentes a los que hacían las otras clases sociales y a su vez, los campesinos intentaban copiar los platos de las clases altas, lo cual favoreció el desarrollo de distintas cocinas (Myrhvold, Young y Bilet, 2011).

Al retomar algo de historia nacional durante la primera mitad del siglo XX, se puede observar que en Colombia la cocina fue uno de los lugares donde muchas mujeres de clases no favorecidas pasaban la mayor parte del tiempo. Las mujeres se casaban y, si pertenecían a un grupo social privilegiado, podían tener una o varias mujeres a su servicio para las labores del hogar; de ser así, una de ellas estaba dedicada solamente a cocinar. Por otro lado, si la mujer no pertenecía a las altas esferas socioeconómicas debía realizar todas las labores propias, de acuerdo con el espacio temporal, de una mujer casada, entre ellas dedicarse a la preparación de los alimentos y, era una obligación, enseñar a sus hijas a cocinar. Afortunadamente, este subestimado panorama cambia desde el preciso momento cuando las mujeres ingresan a la fuerza laboral y el tiempo, que antes tenía exclusivamente para las labores del hogar, se modifica.

Por otro lado, y no menos importante, la situación de aislamiento social generó que la dinámica de preparar alimentos cambiara y con ella, algunos destellos de creatividad empezaron a surgir, como también, la sustitución de diferentes materias primas que se creían inamovibles en la preparación de diferentes recetas: …“no tenía polvo de hornear y encontré en internet que podía usar bicarbonato”…, “tenía peras y la torta original de mi vecina era con manzana, las cambié y quedó espectacular”, fue tan creativa que podían decir “nunca me había comido una crema en un bizcocho tan buena como la que yo hice, ja, ja, ja…” o “…cambié las berenjenas de una lasaña que mi tía me había dado en la receta por calabacín y ni yo podía creer lo bueno que sabía…”.

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Para finalizar, cocinar también se puede utilizar como terapia, pues algunas psicólogas entrevistadas por revistas y emisoras a raíz del confinamiento sugirieron la cocina como una actividad adecuada para que los niños y adultos realizarán, pues en ella se desarrollan habilidades importantes como la paciencia, creatividad, organización, resolución de problemas, toma de decisiones, memoria, entre otras. En conclusión, la pandemia por coronavirus ha permitido la revaluación de la cocina en muchos hogares colombianos y con ella, una multiplicidad de sabores, colores, olores e ingredientes han quedado expuestos para que tanto hombres, mujeres, niños, jóvenes y adultos lideren y/o colaboren en el delicioso arte de cocinar.
Bibliografía
  1. Contreras Hernández Jesús y Gracia Armaiz Mabel. Alimentación y cultura. Perspectivas antropológicas. Ariel, Barcelona, 2005
  2. Meléndez Torres Juana María y Cañez De la Fuente Gloria Maria. La cocina tradicional regional como un elemento de identidad y desarrollo local. El caso de San Pedro El Saucito, Sonora, México 
  3. Myrhrvold Nathan, Young Cris y Bilet Maxime. Modernist Cuisine. El arte y la ciencia de la cocina. Vol. 1 Historia y Fundamentos. Taschen. Italia 2011
  4. Salas-Salvadó, Jordi, García-Lorda, Pilar y Sánchez-Ripolles José María. La alimentación y la nutrición a través de la historia. Editorial Glosa. 2005 (versión pdf en books-google.com.co)

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Escrito por:

María Elena Alarcón Ovalle
Lic. Ciencias Sociales.

Mgs. Estudios de la Población. Especialista en Docencia Universitaria
Experta en Investigación Cualitativa en Salud. Profesor Titular Universidad El Bosque. Docente Maestría Salud Pública, Universidad de Sucre

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